Historia

El nacimiento de la CICG devela retos siempre presentes

Después de varios años de crecimiento y gracias a la voluntad de varias responsables católicas del guidismo, la CICG vio la luz en 1965. Supuso un verdadero desafío situarla dentro de la AMGS, la Asociación de todas las culturas y religiones, y a la vez dentro de la Iglesia Católica. La historia de este nacimiento revela cuáles siguen siendo hoy en día sus retos para las mujeres, para la Iglesia y para el mundo.

En el Día de Reyes de 1965 veintiún asociaciones crearon la CICG; el Concilio Vaticano II acababa de inaugurarse, poniendo a disposición nuevas vías de relación entre los católicos y el mundo. Hace ya más de 35 años que nació la idea de crear un instrumento de servicio para los católicos en el seno de la AMGS; esto les permitió profundizar dentro de su propia fe en los principios espirituales comunes a todas las guías del mundo.

En los años 30 el guidismo estaba ya ampliamente extendido por el mundo. En Europa se fundaron asociaciones de guías católicas junto con los grupos de scouts, la mayoría protestantes; al mismo tiempo, la Asociación Mundial de Guías y Guías Scouts, cuya sede se encuentra en Londres, se organiza en asocio con países donde el guidismo existe, organiza encuentros y apoya a las fundaciones. En 1935, las guías católicas de Bélgica toman la iniciativa de organizar una reunión de responsables católicas con motivo de una asamblea internacional de guías veteranas en Bruselas; oficialmente aceptado bajo el nombre de «Congreso Internacional Católico», su informe fue difundido por la propia directora de la Oficina Mundial de la AMGS.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) interrumpió la continuidad de estos proyectos, silenciando al guidismo en cierto número de países. Después de la guerra se retomaron los encuentros regulares de jefas guías católicas por iniciativa de países europeos a los cuales se adhiere Canadá. El primer encuentro tuvo lugar en 1948 en Foxlease, Gran Bretaña. Durante diez años estos encuentros se organizaron cada dos años. En ellos se profundizaba en el guidismo como forma de educación, a su vez se concebía como un tiempo de formación donde se exploraban todas las posibilidades del método guía explicado por el Evangelio y por las enseñanzas de la Iglesia.

Inscribirse dentro de la Iglesia y la AMGS, un verdadero reto

Es en 1958 en Tutzing, Baviera, cuando nace la idea de crear una organización permanente. Se confirmará en 1960 durante la 7.ª Conferencia Internacional de jefas guías católicas, la cual tuvo lugar en Compiègne, Francia. El Secretariado católico es el encargado de las uniones con la AMGS, de pedir a las asociaciones los requisitos de sus miembros católicos y de estudiar la manera en la que las católicas que forman parte del guidismo mundial, puedan ser partícipes de las instancias internacionales de la Iglesia.

Las Organizaciones Internacionales Católicas (OIC) que cubren el inmenso campo del apostolado laico se van organizando paulatinamente desde 1951 y se reencuentran en el seno de una Conferencia. En 1963, los primeros pasos del Secretariado católico tienen lugar bajo el auspicio de la Santa Sede. Al mismo tiempo, formado por responsables nacionales de sus asociaciones, éste entra en contacto con la Oficina Mundial de la AMGS para discutir y precisar los propósitos de sus acciones. Fue una construcción difícil; un cierto número de asociaciones guías transmitieron a la Oficina Mundial sus inquietudes respecto a la unidad de la AMGS. La Oficina Mundial trata así de establecer contacto directo con la jerarquía católica para considerar otras fórmulas que emanaban de la Asociación mundial como un «comité religioso interconfesional». Estos pasos no obtuvieron los resultados esperados. Durante muchos meses, varias versiones de los textos de la constitución de la CICG se escribieron entre la Oficina Mundial y el Vaticano. El 12 de agosto de 1964, la Secretaría general de la Conferencia Católica es informada oficialmente de que, después de haber tenido noticia del proyecto del estatus de la Conferencia, el Santo Padre la aprueba como «ad experimentatus» durante tres años. El 16 de octubre de 1964 la Secretaría de Estado del Vaticano recibió a la Presidenta del Comité Mundial de la AMGS y a la secretaria general del Secretariado católico. Fue entonces cuando se definieron las bases del modus agendi que rige las relaciones y establece el lugar en el que se encuentra la Conferencia Católica en el seno de la AMGS.

El Día de Reyes de 1965, en Roma, veintiuna asociaciones guías crearon la Conferencia Internacional Católica del Guidismo adhiriéndose a su norma y a sus estatutos, y aprobando su reglamento interno. Así, la CICG tuvo un doble reconocimiento: el de la Iglesia y el de la AMGS.

La inspiración del ConcilioVaticano II

La sesión constitutiva de la CICG se desarrolla durante el Concilio Vaticano II. Es un período de la Iglesia de plena efervescencia, de fervor, de elaboración doctrinal y pastoral y de cambios permanentes. Si el hilo conductor de su creación había sido esencialmente la educación; los acontecimientos y los “nuevos tiempos” darán lugar a nuevos encuentros. Ya, la encíclica de Pablo VI, Populorum progressio, que trata sobre el desarrollo de los pueblos, le influye poderosamente y le lleva a abrir los caminos para el desarrollo de «todo el hombre y todos los hombres». Rápidamente, la CICG se pone en marcha y su trabajo regional da comienzo. En 1968, con motivo de la invitación de la Asociación de Guías Scouts de Colombia donde se desarrolla el Congreso eucarístico internacional en presencia de Pablo VI, se lleva a cabo un primer encuentro de la CICG de Latino América en Bogotá con la participación de diecisiete países. África organiza su primer encuentro regional en Yaondé (Camerún), reconociendo al guidismo como un modo de evangelización. Después fueron Oriente Medio, Madagascar, Europa y Canadá los que aportaron cada uno su vida, su experiencia en relación con la Iglesia.

 

En agosto de 1968, en la invitación de las Guías de Colombia, las responsables católicas del guidismo tomaron plena conciencia de que el mensaje de liberación del Evangelio pasaba por una verdadera educación liberadora. En enero de 1973, la Asociación de Guías del Libano acogió en Beirut el primer encuentro de capellanes y de responsables cristianas guías de la región de Oriente Medio. En 1978, Egipto acogió otro encuentro; otros le siguieron, siendo cada vez más numerosos.

 

Fue en el encuentro mundial de Belo Horizonte en 1974 en Brasil cuando esta idea de una educación liberadora, nacida en América Latina, llegó al corazón y al proyecto de la CICG completamente. Para el guidismo se trataba de «liberar» a las jóvenes de sus esclavitudes, de las trampas de un sistema consumista y de los esquemas culturales o históricos que la encierran en situaciones de sumisión o de opresión que no hacen más que marginar y excluir a la mujer.

 

Así, la fe en el guidismo pasa de pertenecer a un tiempo aparte, separado, situado al fin o al principio de las reuniones o limitado a la misa; la fe se convierte en el tejido mismo de la vida guía y, por tanto, de la vida misma. Es en el mismo corazón de los programas guías, actividades, pedagogía comunitaria y activa donde se sitúa la verdadera evangelización. Es fácil de entender que esto implica la formación de jefas guías, y esta determinación se traducirá concretamente con el paso de los años a través de encuentros y documentos pedagógicos mundiales o regionales que poco a poco construirán la historia y asentarán los cimientos de la CICG.

 

Nuevos modelos de relación hombre/mujer

 

No es de sorprender que, tras 10 años de trabajo en la «educación liberadora», las responsables de la CICG, educadoras en una Asociación femenina, hayan sido instadas a hacerse preguntas y a reflexionar acerca de la identidad de la mujer. Esta larga y difícil tarea se ha comenzado a llevar a cabo contradiciendo todas las corrientes de pensamiento sociales con el fin de abrir nuevos modos de relación hombre/mujer. Para la CICG no se trata de liberar a la mujer del hombre, ni del liberar al hombre; se trata de liberar al hombre y a la mujer de sus modelos sociales y de sus comportamientos culturales para llegar juntos a un nuevo punto de vista de uno sobre el otro. La educación de las chicas no servirá nunca para nada si, al mismo tiempo, la educación de los chicos no se dirige también hacia los caminos de encuentro del uno con el otro, de respetar su identidad y su derecho a la responsabilidad. La CICG se convierte entonces en una escuela con un espíritu muy amplio y con una visión universal que se abre hacia una educación en toda regla. Los temas de los encuentros mundiales que se organizan cada tres años revelan este hecho. (ver friso)

 

En 2012, cuando el guidismo celebra su centenario y, siendo fiel al espíritu que ha guiado a sus fundadoras bajo la continua inspiración del Concilio Vaticano II, la CICG afirma de manera innovadora: «Hombre y Mujer damos forma a la historia juntos, buscamos la liberación de todos para perfeccionar nuestra imagen a la de Dios. Hombre y Mujer estamos al servicio de la educación del Evangelio y queremos que el guidismo sea un pentecostés perpetuo. Con la ayuda del Espíritu Santo, que se ofrece a nosotras con toda su fuerza como espíritu de la verdad y espíritu de la unidad, queremos continuar caminando por los caminos de los discípulos de Cristo en una alianza entre hombres y mujeres». (1)

 

Fuentes

Coloquio del 20.º aniversario de la CICG, Roma 1987, intervención de MTC (completo en la web de la CICG en la sección «¿Quiénes somos?»

Editorial del informe de Sichem 2011, encuentro mundial de capellanes de la CICG en Roma, con ocasión de los 100 años del guidismo, sobre el tema «Hombre y mujer los creó» (completo en la web)

 

De 1980 a 2011, los temas de los encuentros mundiales revelan el camino de la CICG

 

1980 Madagascar: «Vivir el Evangelio como experiencia liberadora en nuestras comunidades»

1983 Rodizio, Portugal: «Ser mujer, ser responsable»

1986 Canada: «Guías, mujeres, una oportunidad para el futuro»

1989 Altenberg, Alemania: «El objetivo es el camino» (la unidad de la persona)

1992 Cochabamba, Bolivia: se decide la constitución de la Comisión del futuro encargada de la factibilidad del proceso de descentralización.

1994 Mozet en Bélgica: el consejo escucha las conclusiones de la Comisión del futuro y vota la regionalización.

1997 Assise, Italia: la CICG pone en marcha las Jornadas Mundiales de la Juventud en París.

2000 Lomé, Togo: «Un nuevo lenguaje». El consejo discute el nuevo estatus con la directora de la Oficina Mundial de la AMGS.

2003 Buenos Aires, Argentina: «La voz de los adolescentes es la voz de la CICG»

2006 Varsovia, Polonia: «Caminaremos por tus caminos»

2009 Dublín, Irlanda: «Discípulos y misioneros en los caminos del Guidismo»

2012 Amman, Jordania «Cruzar a la otra orilla»

 

Marie Thérèse Cheroutre, protagonista de la creación de la CICG

 

El Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII, estaba a punto de tener lugar. Su encíclica Pacem in terris transmitía a a todos los hombres y a todas las naciones un mensaje de salud, amor y paz. En cuanto a la juventud, las Organizaciones Internacionales Católicas (OIC) reconocidas por la Santa Sede se desarrollaban y participaban activamente en los congresos y encuentros del apostolado laico y en la vida de la Iglesia universal. Por otro lado, las asociaciones nacionales guías que habían elegido una educación en la fe en cooperación con la Iglesia de su país, experimentaban un empobrecimiento y una carencia: la imposibilidad de estar presentes en la vida de la Iglesia universal.

 

Eran miembros activos y a menudo fundadoras de la relevante Asociación Mundial de Guías y Guías Scouts (AMGS) las que se desenvolvían en el mundo junto con la juventud femenina, y cuya « misión consiste en ayudar a las jóvenes a desarrollar plenamente su potencial como ciudadanas del mundo, conscientes de su responsabilidades». Está abierta a todas las religiones, creencias y espiritualidades, y no puede representar a ninguna.

 

Fui elegida secretaria internacional en 1963 y puedo atestiguar que se ha llevado a cabo un trabajo exhaustivo que ha desembocado en la creación de una OIC original, ya que está profundamente relacionada con una organización mundial aconfesional. «Puedo confirmar el rigor de la Secretaría del Estado para ayudar a precisar los estatutos, la carta, las condiciones de adhesión y, al mismo tiempo, su disposición para reconocer la inclusión de diferentes formas de guidismo católico y para también reconocer nuestra fidelidad a la AMGS como una sola representante del guidismo en el mundo. Del mismo modo también quisiera poner de manifiesto la amplitud de miras de las representantes de la AMGS, de su preocupación constante por referirse a sus principios espirituales y de conservar su unidad ante el temor de algunos países de verla romperse debido a la constitución de un organismo católico».

 

Don Giorgio Bassadona (Agesci), Primer asistente eclesiástico mundial de la CICG

14/09/1922 – 9/05/2008

 

Se puede observar la vida de la CICG a través de los grandes encuentros que, a lo largo de los años, han reunido a muchas asociaciones miembros y a países interesados en lo que la institución proponía. La idea fundamental y, por qué no, el fin, las ganas, que dieron a luz y vieron crecer a la CICG, son la intuición de que el guidismo sería una experiencia muy positiva en cuanto a oportunidades de formación humana y cristiana y, sobre todo, de formación femenina. La vida de las asociaciones nacionales, las actividades y el programa ya daban valiosos resultados, y dejaban entrever otras acciones y otras vías: por eso, era preciso conocer mejor lo que cada asociación vivía en su seno, poder comparar las vivencias y reflexionar juntos sobre ello para seguir por esta senda. De esta dinámica de servicio y de búsqueda nace la Carta Católica del Guidismo como punto de partida de la CIGC.

Fue durante el encuentro mundial de 1970, en Brasil, donde se empezó a percibir la riqueza de la intuición surgida en el seno de la Iglesia latinoamericana acerca de la eficacia de la educación liberadora que nace de la fe cristiana y de la educación de lo que el guidismo vivido por los católicos podía ofrecer a las jóvenes y, de ahí, a la sociedad entera. Así se recoge en la Carta: se reconocen «los valores del Evangelio en la educación fundamentalmente liberadora propuesta por el método guía, que puede llevar a la plena responsabilidad y al desarrollo integral de cada persona».

Considero que la CICG debe continuar su lucha – o mejor aún, su acción positiva – a favor de las mujeres. Se han sucedido grandes cambios en las costumbres en el mundo, que pueden ser el espejismo de una mejor consideración de la mujer, de una igualdad hombre/mujer, de un equilibrio respetuoso entre los dos; pero en realidad, más allá de algunos hechos, nos encontramos a menudo en el antiguo régimen, en el que la mujer pertenece a una clase inferior y queda excluida de los ámbitos de responsabilidad. La CICG tiene la oportunidad y la experiencia de apoyar el largo camino de la mujer en la sociedad, en el movimiento guía scout y en la Iglesia.

Extracto del informe del Coloquio para el 20º aniversario de la CICG – Roma 1985.